jueves, 8 de diciembre de 2016

Isla 2


Ha amanecido. Tengo los ojos llenos de sal, otra vez. 
Amo el mar y lo odio a la vez. 
Tengo las palmas de las manos desgarradas de la soga, de intentar sujetar la embarcación, asirla, anclarla. El agua. Todo es agua. Todo es mar. Todo es noche y si amanece, no intuyo la mañana. La mañana me envuelve en un sinrumbo, en la cita continua con mi trazo, el mapa, la anchura, las voces desgastadas de mis hombres. 

- ¡Inconscientes! ¡Inconsciencia!

No tienen miedo porque no tienen casa y compañera. No tienen deseos, porque el deseo es esperar a que amanezca. No tienen recuerdos, porque la noche los envuelve en los vapores del alcohol. 

- ¡Un momento! ¡Una sirena! ¡No! ¡No puedo escucharlas! ¡Penélope! 



La belleza, el sabor, la textura. Escucho y canto, no, no canto, no puedo cantar porque perdí mi voz entre las olas, en la tempestad que me alejó de casa y ahora, sin embargo, temo estar muy cerca y que ella no me oíga. Tengo miedo de verla caminar por los sembrados para recoger el trigo como ella acostumbra, y que en el peso del mimbre, donde se acumulan las espigas, se silencie mi sonido y que ella, Penélope, vaya olvidando la mancha de mi voz entre las sábanas. 

Te he tocado, te he rozado y he precipitado mi lengua entre tus senos. Inconsciente, no sé quién eres ni cómo tú has llegado. Pero te deseo y podría besarte hasta el ahogo, hasta la agonía, hasta perder mi aliento en el cansancio. Me exiges y me pides, me suplicas que te invada, que te pertenezca y me desposea. Me chupas, me lames, me muerdes, me salpicas. 

escamas, cola de pez, labíos de otrora, tu cabello entre mis dedos, tu destrenzada coleta entre mis labios, tus pechos de pez, tu sexo de arena mojada de la playa, tu piel alunatada, tu voz inconexa y tus palabras agitadas, los ojos cerrados

Parecías una adolescente, una desconocida; no, no te parecías a la que yo imaginaba, a la que soñaba, a la que recreaba, a la que olvidaba antes de pensada y de soñada. Parecías un amasijo loco de irrisiones ensayadas, improvisadas. Me manipulabas. Y sin embargo, quemabas, te desvencijabas en un aullido mojado que me exitaba. Te estaba besando, estaba precipitando las palmas de mis manos en tu cuerpo, estaba espirando mi gemido hacia tu rostro cuando dejé verte. 

Ansiedades, búsquedas sonoras y urbanas, dolor de la ausencia. La carencia sin vacío, la falta sin rostro, el dolor sin pasado. Y sin embargo, como te añoro y te espero y me estrago a mí mismo en esta noche despejada, suplicando a las olas que me rozen con tu sexo entre mis palmas. 

martes, 29 de noviembre de 2016

Isla 1

La Isla Grande

Te recorro con mis ojos, como te bebía con la espalda recorriéndote en mi bicicleta. Te he besado los rincones mugrientos de tu amplitud prostituida. Te he lamido las manchas, las inmensidades, el frío y la noche. Una noche que se alarga y otra que se estrechaba. 

Te he amado, te he poseído y me has poseído. Nos hemos besado, nos hemos encontrado y nos hemos desencontrado. Nos hemos perdido. 
Femenina, mojada, llovida entre mis manos y mis besos. Pierdo presión, pierdo altura, pierdo condiciones y caígo al vacío. 


¡Ítaca! Te llamo. Pero la tierra no canta, la tierra está muda, sin habla. 

Suplico al viento y te lleva.
Gimo tu palabra y se diluye.

El agua...más agua...la lluvia y el mar y las salpicadas en mis labios y tu también gimes o lloras o me evitas. 

¡Ítaca! ¡Ítaca! ¡Ítaca!

Timón y brújula. Calor en el invierno y sol en las ventanas. Las comisuras de la nave donde me esperabas. Penélope no está, inútil llamarla. Nunca fue mujer, nunca se rindió entre mis caricias. Penélope estéril, Penélope frígida, Penélope muda. Muda como la tierra sin sonido, la tierra de Ítaca que no me habla. 

Me siento afligido.
Otra noche más entre las olas.


domingo, 28 de agosto de 2016

Día 13

video

Retorno

Día 12



Día 11


Me voy poco a poco, de tu lado, de su lado, de mi lado.
Es el vacío.

¿Dónde está aquí? ¿...allí? En mi vocabulario no había allá, ¿dónde están los recortes de fotos que guardaba? 
Preparo la maleta, todo anda manga por hombro y la lluvia, otra vez la lluvia y mis lágrimas inundando la casa y el viento y el ruido, el sonido brutal de tu voz intentando quebrar mi aliento. Y yo muerta, congelada, estatuada y mirándote, alienada. La boca se me seca de tanto apretarla, las semillas, el moho, los golpes, las paredes rotas y los muebles abarquillados y las lágrimas, ahora también tus lágrimas que me salpican y me abrasan con su ácido y me hieren. 

La bestia ya no me necesita y nadie responde la mis llamadas teléfonicas, estoy sola, estoy en el agua y en la sequía, en el silencio y en la impotencia, en las palabras mudas que me avergüenzan y ya no sé hablar, porque el monstruo ya no me interroga y yo solo he sabido responder cuando me preguntaban y él, está mudo detrás de la puerta y tú, ya no estás, ya no abres la puerta, ya no me hablas ni me dañas ni me escupes en la ducha con tus verbos inconexos. 
Yo trato de huir, pero cada vez que salgo de casa siempre recorro el mismo camino que me lleva de vuelta a la puerta y no importa si voy en bicicleta, siempre es lo mismo, aunque el recorrido sea más largo otra vez vuelvo a la casa, lo mismo el metro y el autobús y el tren eléctrico y el overground